La noche en que las estrellas cayeron en la chocolatada

Mamá pensó que eran simples burbujas de leche tibia, pero yo vi clarito cómo titilaban en la cuchara antes de enfriarse.

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10/16/20261 min read

Ayer a la noche el cielo de Buenos Aires estaba tan oscuro que parecía pintado con témpera negra espesa sin mezclar con agua. Me senté junto a la ventana abierta con mi taza humeante y una lluvia finita de chispas amarillas empezó a caer despacito sobre la mesa.

Burbujas con brillo propio

Eran tan chiquitas como granos de azúcar impalpable, pero giraban en remolino y daban saltos sobre la espuma de cacao. Cuando intenté atrapar una con la punta del dedo índice, se sintió como una cosquilla helada que enseguida se convirtió en tibieza dulce.

Un secreto bien guardado en la cocina

Mamá entró a apagar las luces y me preguntó por qué tardaba tanto en terminar la merienda nocturna. No le dije nada porque los grandes siempre buscan explicaciones sobre la refracción de la luz o el polvillo de las lámparas, y arruinan la magia en dos segundos.

Me tomé la chocolatada de tres sorbos grandes y sentí cómo la panza se me llenaba de lucecitas doradas como si tuviera un faro adentro. Si esta noche tomás leche antes de dormirte, mirá bien la taza antes del primer trago: capaz que alguna estrella despistada eligió caer en tu merienda.